Salir del armario o atrincherarse en él: las formas de afrontar la identidad.
Esto es fruto de una charla entre amigos, ahí cuando el sol comienza a bajar, y mates de por medio, alguien saca el tema, como forma de preguntarse el por qué de ciertas cosas.
Suele suceder que se dibuja una línea entre aquellos que expresan su identidad sexual, y aquellos que tratan de que pase desapercibida, o incluso la esconden. En este contexto, es muy común que sólo se distingan dos grupos: aquellos que ya “han salido del armario” y aquellos otros, que por lo general suelen atribuirse a sí mismos los términos de “discreto“, “varonil” o “cero plumas“, a los cuales, en su versión más extrema son catalogados bajo el término de reprimidos.
Sin lugar a dudas, no todos salen del armario, y es común que muchos, vean pasar sus vidas desde allí dentro, sin tener nunca la oportunidad, la voluntad, o el interés de salir. Y es que, para muchos, vivir en el armario es el modus operandi más confortable, o más viable.
Algunos pretenden demostrar que las diferencias entre aquellos que salen y aquellos que no, estriban en primera instancia en una educación familiar hostil, o muy hetero-tradicional, sumado a un contexto social poco favorable a dejar espacio para las identidades no-tradicionales. Sin dudas, es la tesis que mejor explica el asunto.







