
La semana comenzó con la noticia de que en la provincia de Santa Fe estaría pronta a aprobarse la ley de unión civil (o mejor dicho, Ley de Unión Estable de Parejas, tal la denominación del proyecto presentado por Vox AC).
Por todos (o al menos la mayoría) es conocido que con mi compañero Oscar y numerosos testigos, activistas y medios de comunicación fuimos en febrero pasado a pedirle al Registro Civil un turno para que nos una en matrimonio, lo que devino en negativa y por tanto en una acción legal -concretamente un recurso de amparo- que actualmente se encuentra en la Justicia provincial.
Así que con el advenimiento de una posible aprobación y puesta en vigencia de una norma de uniones civiles para Santa Fe, despertó de las y los periodistas locales la inquietud acerca de nuestras expectativas.
Y es aquí que considero justo y oportuno mencionar que tanto Oscar como yo estaremos sumamente felices y satisfechos de que en nuestra provincia se alcance tan importante reconocimiento a las familias de la diversidad sexual.
Pero también veo oportuno señalar que lo que mi marido y yo buscamos es el derecho al matrimonio como hoy lo tienen las parejas heterosexuales. Porque Unión Civil no es lo mismo que Matrimonio para todas las parejas.
Las diferencias escenciales en la figura de la unión civil respecto de la del matrimonio son la falta de resguardo legal sobre herencia y pensión, no contempla la adopción y carece de una real cobertura en todo el territorio nacional. Aunque es cierto, sí, que es el primer gesto -y el único que tiene a su alcance- el Estado provincial de respeto y reconocimiento a las parejas conformadas por gays o por lesbianas.
Unión civi, sí. Pero también matrimonio. Eso es lo que le reclamamos a las y los legisladores nacionales para el reconocimiento de nuestras familias. Como bien dijo María Rachid en una entrevista televisiva «nuestras familias ya existen y no estamos pidiendo permiso para formarlas, sino que estamos pidiendole al Estado que las reconozca con los mismos derechos y con los mismos nombres». Ése principio de igualdad es el que debe regir en la vida de los ciudadanos y que debe promover el Estado.
El Estado santafesino va camino a ello y esperamos que tanto las y los diputados como las y los senadores provinciales acompañen este cambio que viene a dar el reconocimiento de nuestras parejas. Y esperamos que quienes en el Parlamento tienen esta tarea tomen el ejemplo y se decidan a modificar el Código Civil para que deje de restringirse el derecho al matrimonio civil solamente a las parejas heterosexuales.
Exacto. Muy bien dicho. Es lo que trato de explicarle a tod@s los que me mencionan el asunto. Pero además de las diferencias del alcance de la ley, hay otras cosas que merecen explicarse. Probablemente las sabés aunque no se mencionen en este artículo.
Es necesario hacerle entender a las personas que además de las diferencias que mencionás, el simple hecho de que exista una ley diferente para nuestras parejas (aun cuando contemplara los mismos derechos, que no es este caso en particular) es discriminación. Por dos motivos principalmente: El primero, en el caso de que tuviéramos los mismos derechos pero con otro nombre ya implica una difereciación; tratar diferente a distintos tipos de pareja ante la misma situación. Eso, en mi diccionario, figura como “discriminación”. El segundo motivo es que, al hacer una ley diferente, la pueden retocar, recortar, modifricar, suprimir sin tocarle el culo a los heterosexuales, es decir, sin modificar la legislación sobre matrimonio. ¿Injusticia? Por supuesto.
Así que no podemos exigir menos que los mismos derechos con los mismos nombres. Si fuera idéntico al matrimonio pero con otro nombre y en una ley separada, sería como tener bebederos y baños para blancos y para negros. La ley puede establewcer baños separados y no decir que el de los negros debe estar en peores condiciones, pero el vandalismo de los blancos termina deteriorándolo, y ya de por sí al baño para negros se lo construye con materiales de peor calidad.
Eso, sin contar que las uniones civiles no son reconocidas por otros países. Si uno viaja a otro país, es muy probable que un matrimonio celebrado en el extranjero sea reconocido, no así la unión civil.
Si antes que el matrimonio a nivel nacional llega la Unión Civil para todo el país, o para Santa Fe, bienvenida sea. Pero no es el fin de la lucha ni es algo que debamos agradecer como una limosna que se nos da.
Espero no haber dejado cuestiones al respecto en el tintero. Saludos desde Reconquista.
Felicitaciones!!!!!!! adelante por la igualdad de derechos para todos, comparto totalmente que debe haber enlaces para un mismo género. Un abrazo
Hola Tincho,
Existe un tema frecuentemente olvidado cuando se habla de los derechos que vienen con el matrimonio versus los de la unión civil.
Faltando el matrimonio y/o una unión civil reconocida a nivel nacional, las personas del mismo sexo carecen del derecho de inmigración en el caso si uno de los integrantes de la pareja es extranjero sin residencia. Este es un derecho clave, dado que puede causar mucho sufrimiento tanto el nacional como para el extranjero.
La lucha para derechos migratorios para parejas de argentinos rara vez se menciona en estos blogs, pero hubo un artículto en AG respecto al film Contra Viento y Marea (http://www.agmagazine.com.ar/index.php?IdNot=1820) que se trata del problema en el contexto norteamericano.
Varios paises europeos han otorgado este derecho, pero parece que el único en America Latina, hasta el momento, es Brasil.
Ojalá la Argentina pronto se sume a la pequeña lista de paises donde existe este derecho esencial.