EL SÓTANO
Cuando bajé del subte, apuré el paso mientras miraba la hora en el reloj de la estación
Era mi segundo mes de trabajo en la empresa de mantenimiento que estaba a cargo de los ascensores del edificio de la facultad, y volvía a llegar tarde…
El supervisor, es un tipo bastante jodido, y creo que me tiene entre ceja y ceja.
El chabón, es apenas unos años mayor que yo, no más de tres o cuatro. Y ya se las da de jefe. Me amenazo diciendo:
- ¡Si volves a llegar tarde! Te llevo conmigo a trabajar al sótano.-
No era mala idea el tipo esta fuerte. Pero de ahí a que pase hay mucho camino por andar…
El sótano era el peor lugar del edificio. Húmedo, oscuro y quedaba en el segundo subsuelo, y nadie quería ir a trabajar ahí.
Sabia que ese lugar me daba claustrofobia, se lo había comentado muchas veces Y siempre que podía, se lo recordaba…
El, se quedaba mirándome callado, como si mis palabras no le importaran.
Siempre que estábamos a solas, en el vestuario, se recostaba contra la pared en musculosa, empapado en transpiración, observándome en silencio mientras me vestía. Metido en ese pantalón de trabajo azul bien ajustado. Los huevos y el bulto, se le notaban a simple vista como si fuera un codiciado trofeo para quien lo quisiera tomar…
El se daba cuenta de que esa postura llamaba mi atención, por eso lo hacía siempre que tenía oportunidad…
Por más que lo intenté, no llegue a horario. Estoy marcando la tarjeta con diez minutos de retraso. Corro por los pasillos hasta el vestuario; todavía me falta cambiarme.
Tiré todo sobre una de las sillas, mientras abría el gabinete para sacar la ropa de trabajo.
- ¡De nuevo tarde! –
Cuando me di vuelta para mirar hacia el lugar de donde venía la voz, él estaba parado cerca de la puerta observándome como lo hacía siempre. En su cara, había una leve sonrisa de triunfo.
Yo ya estaba en slip, y él no me sacaba la vista de encima.
- ¡Tenes dos minutos! Te espero abajo-
Ni siquiera me dio tiempo a contestar. Esas palabras eran un mal anuncio para mí. Mientras terminaba de vestirme, pensaba en el castigo me tocaría por la falta…
Comencé a bajar las escaleras muy despacio. La luz se iba haciendo cada vez menos tenue.
El sonido que venía de las calderas, era mayor a medida que avanzaba.
Las paredes, comenzaban a mostrar el moho por la gran humedad reinante.
Se podía observar como unos finos hilos de agua se filtraban dejando un surco de oxido que se perdía en el piso de cemento.
Llegué a la oficina improvisada, donde había una silla detrás de un escritorio con papeles y algunos archivos, bajo una luz amarillenta. No había nadie.
Me estaba por ir cuando la voz que venía tras de mí, me petrificó…
- ¡Sentate!
Lo hice sin siquiera darme vuelta. Ya sabía de quién se trataba.
- ¡No sé que hacer con voz Miguel…!-
Sentí sus manos firmes en los hombros, y el bulto que apoyaba como garrote sobre mi espalda. Hizo girar lentamente la silla, hasta que quedé con mi cara frente a su bragueta. Podía ver como la pija se le iba agrandando cada vez más por debajo de la tela rústica del pantalón…
Con una mano me agarró por la nuca y refregó mi cara contra el bulto.
Se fue bajando el cierre y la saco. La cabeza rosada del miembro, pasó por mi boca…
Empece a chuparla despacio; quería disfrutarla. La cavidad bucal, se me lleno…
- ¡Sí…! Esto es lo que quería. Sabía que te iba a gustar-
Se soltó el único botón del pantalón. Se lo bajó, mientras me empujaba hasta el fondo. Mis labios tocaron sus huevos. Mi boca empezaba a sentir el placer…
Le agarre con las dos manos los cachetes del orto. Parecía una piedra. Mi dedo empezó a jugar en la puerta…
- ¡Uh… Que lindo pendejo! -
Me fue levantando despacio, terminé de sacarle la ropa. El hizo lo mismo con la mía. Estabamos recalientes.
Bajo la mano y empezó a pajearme, mientras me metía la lengua hasta el fondo. Podía sentir como tocaba mi garganta…
- Veni sentate en cima mío - Susurro en mi oído, al tiempo que me arrastraba hasta un sillón de cuero marrón. Tenía la pija con una leve curvatura hacia abajo, dura como garrote.
Se puso el forro y juntó un poco las piernas. Me agarro por las nalgas, y me fue bajando despacio. Estire bien mis músculos, para sentir más placer.
A medida que la pija se iba metiendo en mi culo, me besaba; me mordía los pezones. Sentía el placer máximo. Abrí la boca y metí mi lengua en la suya para explorarla. Sus besos se diluían en mi boca…-
- ¡Que orto pendejo! Movete ¡Así!, ¡Sí!, ¡Así!-
Cada vez se iba metiendo más dentro de mí. Yo gozaba, como si fuera mi primera vez.
Después de unos segundos una mano, que no era la de él, me agarraba la pija. Cuando abrí los ojos, había otro chupándomela.
El había estado todo el tiempo mirando desde la oscuridad, hasta que entró en acción.
Era la segunda vez que transaba con dos tipos a la vez. Eso me calentaba más todavía.
Salí de mi posición, y comencé a chupársela al que me la había metido.
El otro, me agarró por las caderas, y la fue poniendo despacio. Podía sentir como me abría las carnes…
- ¡Ha…! ¡Oh…! ¡Uy! Que bueno- Me decía mientras me mordía la espalda-
Nos cambiábamos continuamente de posición. En un momento quedé lamiendo el cuerpo del mulato. Tenía una pequeña cruz de plata que pendía de una argolla que atravesaba uno de sus pezones…
Cada vez que posaba mi lengua ahí, el gemía de placer.
- ¡Oh… ¡Ha…!-
Mi descarado amante, me daba besos en el orto. Metía su lengua, luego un dedo, otro, y otro, hasta llegar a tres…
El mulato comenzó a gemir con más rapidez. Sentí el líquido blanco y espeso pegar en mi cara, que salió disparado como una flecha. Con los dedos, me desparramaba la leche por todos lados. Eso me éxito más hasta que yo también acabé. Luego de un rato, la acabada final de los tres…
Sin duda hacíamos un buen equipo, de eso estábamos seguros… NIKO´S
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Sin querer estaba sentado en el auto de mi amiga Sandra, yendo por Panamericana rumbo a Pilar. Había aceptado con pocas ganas la invitación de pasar el fin de semana en la quinta de sus amigos, a los que sólo vi un par de veces.
Cuando llegamos, ya estaba oscureciendo. Por lo poco que podía verse, el lugar era inmenso; lleno de pinares y toda clase de arbustos.
Hernán y Marta; los dueños de casa, me recibieron como si me conocieran de toda la vida. Mientras ingresábamos, de reojo observe al fuerte rubio metido en el uniforme azul. Sin duda era el que estaba a cargo de la seguridad del lugar.
Él respondió a mi mirada con una sonrisa maliciosa. Su cuerpo, le daba el aspecto de fuerza y poder. En otras palabras, estaba super fuerte…
Ese anochecer de fines de noviembre, era caluroso. Decidí salir a caminar por el parque.
La piscina, invitaba a darse un chapuzón. En el aire flotaba un aroma a jazmines y madreselvas…
No sé si fue por lo que percibí en ese momento, pero tenía unas ganas locas de estar con mi última conquista Pablo…
Seguí recorriendo el lugar, alejándome de la casa en dirección al pinar; pisando el colchón de hierva húmeda.
De repente y casi sin notarlo, estaba bajando una loma pronunciada. Cuando gire, para ver hacia atrás, la casa ya no estaba más.
Me senté bajo una enorme araucária, recosté mi espalda contra el macizo tronco, y encendí el cigarrillo que había armado hacia unos minutos.
Nuevamente volvió a mi cabeza la imagen de la semana anterior en una playa solitaria de la costa argentina con Pablo. Su cuerpo casi perfecto estaba sobre mí, sus músculos me aprisionaban manifestando su poderío. Sus brazos rodeaban mi cuello, mientras con su boca comenzaba a explorar la mía.

La lengua se iba metiendo despacio. Parecía un pájaro en busca de abrigo. Me llenaba de calor y al mismo tiempo me doblaba de placer…
Sus dedos maestros recorrían mi tórax, hurgando en las tetillas, que se alzaban rígidas hacia la libertad. Esa sensación, me aceleraba el corazón.
Tenía la pija dura, bien pegada sobre mi vientre, podía sentir su virilidad sobre la piel.
Sus manos como garfios apretaron mis caderas. Contuve la respiración por unos momentos…
Comencé a deslizar las yemas de los dedos por su espalda, reconociendo, explorando. Hasta que se posaron en la cintura. Con movimientos mecánicos, los fui bajando por la raya el culo, que al tacto parecía el mejor de los terciopelos. Los fui metiendo muy despacio…
Comenzó a besarme más profundamente. Sus labios tenían un sabor a miel, que poco a poco se iban diluyendo en mi boca.
Su lengua se desplazaba por toda la cavidad bucal, haciéndome sentir sensaciones hasta ese momento desconocidas. Con sensualidad recorría mi abdomen, posándose en los puntos más sensibles; haciéndome vibrar como la cuerda de un violín.
Llegó hasta mi sexo, y lo lamió con maestría y suavidad; mientras descargaba una saliva espesa, tibia que bajaba muy despacio, hasta llegar a los huevos. Su boca succionaba, se llenaba con el miembro que se iba abriendo camino en las paredes cóncavas de su órgano bucal.
Mi baso rebosaba de pasión, desbordando todo mi ser, elevando mi cuerpo, llevándolo al plano de lo sexual. Fue deslizándose, hasta que llegó a la puerta del culo. Ahí se detuvo, rodeándolo, degustando, despedazando las carnes que sumisas se entregaban al erotismo de sus dedos…
Me estaba calentando tanto con esos recuerdos, que me estaba poniendo al palo. Comencé a desabrochar los botones del jeans. La saqué y empece a pajearme, mientras esas imágenes eróticas, se fundían mi cabeza.
Un sonido apenas perceptible me obligó abrir los ojos sobresaltado.
El tipo estaba parado a pocos centímetros. Me miraba con deseo, en su boca se dibujó una sonrisa maliciosa, mientras se tocaba el bulto, que bajo la tela del uniforme se iba haciendo cada vez más perceptible. La sacó y me la mostró sin apartar su mirada de la mía. Se pasó la lengua por los labios en una acción que expresaba deseo. Camino lo pocos pasos que lo separaba de mí. Me agarró por los pelos, y me obligo a chupársela. Cuando la tuve cerca, no pude negarme ante semejante cosa. Comenzó a gemir como un animal. Le fui bajando los pantalones lentamente. Mis manos se apoyaron en los cachetes del culo, sin bellos, sin ningún signo de virilidad…
Con un gesto mecánico se desabrocho la camisa y la arrojó al piso. Me obligó a levantarme, arrastrando mis labios por la ingle, el abdomen, hasta que llegue a su boca, a la que abrió como para devorarme…
A esas alturas yo ya no razonaba, y me dejaba llevar por su fuerza y la pasión con que me arremetía.
Mis manos comenzaron a recorrer su espalda. Mis dedos se detuvieron bruscamente ante unas marcas bien pronunciadas a la altura de sus hombros. Eran tres círculos profundos.
- ¡ Son heridas de bala!- Dijo sin sacar la lengua de mi boca-
Llevó una de mis manos hasta los huevos. Me la dirigía, por el tronco de la pija, la cabeza; que estaba inflamada. Con la yema del dedo le acaricié orificio aún húmedo por la mamada que le había dado. Mientras subía deslizando las manos por sus caderas, llegue hasta los cachetes del culo. Ahí también tenía otros orificios iguales al de los hombros; pero más pronunciados y perceptibles al tacto. Me di cuenta que ese cuerpo no era tan perfecto como me había parecido…
Me vino a la mente un tema de Madonna, que se llama. “Nobody´s Perfect.” (No hay cuerpos perfectos).

A pesar de todo, seguí dando rienda suelta a mis fantasías. Me arremetió con su fuerza descomunal, tirándome sobre el pasto. Me arrancó la ropa con ímpetu; para ese momento estaba tan caliente, que no me importaba nada de nada. Sólo quería poseer y ser poseído…
Estaba encima de mí. Con su boca succionaba, lamía y mordisqueaba una de mis tetillas, mientras yo, me retorcía de placer. Sentí la pija que se iba metiendo muy despacio, abriendo, desgarrando, penetrando. Hurgando en mis entrañas, dándome dolor y placer al mismo tiempo.
- ¡ Ahora vas a saber lo que es un hombre de verdad ¡- Me dijo mientras ataba mis manos con una cuerda que no sé de donde había sacado-
- ¡ Hace lo que quieras! ¡Dale! ¡Soy tuyo!-
Me levantó por las manos atadas tan rápido como me había tirado, y me apoyó de cara contra el árbol. Abrió con fuerza mis nalgas y arremetió sin asco. Entraba y salía cada vez más rápido. Podía sentir los huevos golpeando en mis carnes. Su aliento caliente me daba en la nuca, mientras me mordía el cuello, los hombros, como si fuera un animal descontrolado.
Sus manos aferraron mi cintura, empujando hacia atrás. Ahí sentí que estaba bien dentro de mí. Empezó a pajearme, mientras un fuego interno luchaba por salir de mi cuerpo. Comencé a jadear con rapidez.
- ¡ Ay! ¡Sí ¡ Así! ¡Dame toda la leche! ¡ Uy como me gusta! ¡Ah!-
- ¡ Espera! Terminemos juntos- Decía él mientras volvía a morder con más fuerza-
- ¡ Ah! ¡Que bien pendejo! ¡ Cómo me calentas! ¡ Ah… Ah!-
Caí de rodillas exhausto por todo el trajín. Él se quedó pegado a mí por un buen rato. Me desató y volvió a besarme, mientras me decía…
- ¡ Quiero que la próxima lo hagamos en mi cama! ¿ Te parece?-
- ¡ Me encantaría!- Apenas pude contestar, me dolían las piernas y el culo…-
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NIKO´S
EL TREN
Mientras caminaba por el andén, esperando el tren que me llevaría a la Capital, una suave brisa, pero muy diferente a las que estamos acostumbrados, me acarició el rostro.
Sentí algo extraño, como cuando me pasan cosas repentinas, siempre tengo un a viso. Y esa mañana sí que sería inolvidable para mí…
El pueblo donde vivía, estaba a una hora de Buenos Aires; ciudad a la que viajaba cuatro veces a la semana por trabajo.
Para que el trayecto no se me hiciera pesado, apenas subía y me acomodaba, sacaba un libro de mi mochila y me ponía a leer hasta llegar a mi destino.
Habían pasado como quince minutos de la partida. Yo seguía inmerso en la lectura cuando una voz que resultó agradable a mis oídos me obligó a levantar la vista y mirar hacia el lugar de donde provenía.

- ¡ Gaseosa, sándwich!-, volvió a sonar en el aire-
Era el camarero, el mismo que había visto hacía quince días atrás y que tanto me había calentado…
Lo miré con deseo, mientras se acercaba por el pasillo. Su figura casi perfecta, hizo funcionar mis más bajos instintos.
Al instante me devolvió la mirada con una sonrisa. Sin darme tiempo para poder reaccionar, pasó delante de mí, desapareciendo hacia el otro vagón del tren.
Me quede pensando en lo que haría si lo tuviera en bolas. No alcancé a terminar la frase cuando ya lo tenía frente a mí nuevamente.
Me miró como si fuera a devorarme. “ Esta vez sí”, me dije con el pensamiento.
- ¿ No me servís un café?- Mis palabras, fueron casi un ruego-
- ¡ Ya vuelvo!- Al sonreír, dejó asomar unos dientes perfectos y blancos.
Su bello cuerpo estaba parado a escasos centímetros de mí. Alto bien parecido; metido en un pantalón negro más ajustado que lo normal, que le marcaba las piernas, los muslos, y el bulto…
Sus finos rasgos estaban acompañados por unos ojos verdes que parecían dos esmeraldas. Me dejaron más loco y caliente que antes.
Se alejó a buscar lo que le había pedido. Me quedé contemplándolo. Su andar era seguro; su espalda, fuerte y armoniosa; su culo, perfecto.
El tiempo que tardó en volver se me hizo eterno, y apenas habían pasado diez minutos. Por mi cabeza comenzaron a aparecer infinidad d fantasías con él.
Le temblaron los dedos al ofrecerme el pequeño vaso que contenía el líquido oscuro, humeante y de agradable aroma, tan caliente como yo.
Al pagarle con unas monedas rocé su mano con una leve caricia descuidada, sentí el calor de sus dedos. Luego de este acto placentero, desapareció tan pronto como había venido.
El tren se detuvo en dos pueblos antes de llegar a la Capital. Gran sorpresa para mí fue ver que el vagón en el que viajaba se había vaciado por completo. Me rompía la cabeza pensando en como hacer para poder llamar la atención del fuerte camarero.
En ese instante volvió. Pero no traía nada y venía directamente hacia mí…
Mientras lo observaba, se llevó una de sus manos hacia la bragueta, tocándose el bulto. Pude notar su erección por debajo de la fina tela. Estaba casi al palo.
Cuando pasó junto a mí, me guiño un ojo, como haciéndome cómplice de algo.
Fue al baño que estaba a escasos metros. No sabía realmente qué hacer, si quedarme con la duda; que a esa altura, ya no había ninguna, o ir tras él y disfrutar ese momento único…
Sin pensarlo más, comencé a caminar hacia el baño. La puerta se abrió lentamente y ahí estaba él, esperándome en la penumbra, con el miembro entre sus manos.
Me fui acercando despacio. Cerré la puerta con la traba de seguridad. Sin perder más tiempo, me llevó hacia él. Sus fuertes manos tomaron mi cabeza; lentamente me fue bajando hasta quedar de rodillas frente a su pija enorme y dura como piedra.
Abrí mi boca, sintiendo cómo se llenaba por completo con ese miembro venoso y fuerte. Me acariciaba, gimiendo de placer.
Por momentos, tenía que sacarla de la boca para poder tomar aire; era tan grande que se me hacía difícil respirar. Una maraña de bellos púbicos me rozaban la nariz, excitándome aún más…
Sus gemidos eran cada vez más fuertes y se mezclaban con el sonido agudo del vagón, que no dejaba de moverse.
En el piso había un olor a desinfectante barato, del que no me había percatado hasta que estuve de rodillas.
- ¡ Quiero cogerte, sentirte bien adentro!- Me decía, mientas me tiraba de los pelos.
Saqué de mi bolsillo trasero el forro, lo abrí con rapidez y se lo puse. Volví a chupársela.
Dejé caer mis pantalones hasta el piso. Me puse de espaldas a él, separando las piernas, apoyando las manos sobre la puerta metálica. Un frío glaciar se apoderó de mis dedos, calentándome más.
Me desgarraba, se metía cada vez más adentro, entrando y saliendo de mi cuerpo. Me besaba, me mordía el cuello, me acariciaba las bolas; me poseía…
Comencé a masturbarme envuelto en éxtasis, disfrutando de ese cuerpo que me daba placer como nunca antes. Su olor me embriagaba. Entraba y salía de mí haciéndome gozar como loco.
Sentía sus huevos golpeando la puertas de mi culo, al mismo tiempo de que él introducía su pija hasta el fondo.
Mi leche blanca y espesa, pego contara la puerta y comenzó a caer lentamente por el frío aluminio. El resto se deslizó por mi mano.
Se sacó el forro y lo tiró por el hueco del baño. Terminó de acabar en mis nalgas. Me desparramaba la leche con la mano.
Ese del que no sabía ni siquiera su nombre, guardó su gran instrumento aún hinchado por la excitación…
- ¡ Hasta la próxima- Dijo, mientas salía tocándome el culo.-
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ALGO DE CARNE
- ¡ Maldición! Hace más de media hora que estoy buscando algo para la cena y no encuentro nada. Voy a intentarlo por última vez…-
Cuando entre al lugar. No podía creer lo que veía. El empleado era un tipo como de unos treinta años lleno de músculos, pero no de gimnasio. Tenía una chaqueta blanca de mangas cortas, super ajustada. “Le marcaba los bíceps.”
- ¡Buenas!- dije con voz segura y firme- Había como tres personas antes que yo.-
- ¡hola!- respondió mientras me miraba fijamente, afilando el cuchillo que tenía en la mano con otro instrumento.-
Una mujer que estaba delante mío, me lanzó una mirada curiosa. No me di por enterado. Yo seguía mirándolo a él que introducía la afilada herramienta, desgarrando un trozo de carne.
Y así entre miradas insinuantes, fueron pasando una tras otra las personas, hasta que quedé solo en el lugar, frente a ese adonis del olimpo…
- ¿ Que te doy?-
- Necesito unas costillas de cerdo. ¿Tenes?
- ¡ Sí.! Lo que quieras- La respuesta que sonaba a doble intención, y otra vez esa mirada, que me decía todo-
- ¡ Voy a llevar un kilo entonces!-
No me sacaba la vista de encima. Yo tampoco.
- ¿Sos nuevo en el barrio? No creo haberte visto antes-
- Sí hace un mes que estoy. Me dijeron que tenes la mejor carne de la zona, por eso vine- Si él quería jugar con las palabras, yo también-
- ¡Después de probarla me decís!. No creo que te defraude- sonrió con picardía- ¿Qué más te doy?-
- Por ahora nada más-
Mientras pesaba la carne y la envolvía, miré sus manos, eran fuertes; poderosas. El tamaño de los dedos, parecían unos tornillos mecánicos. Cuando le di la guita, sentí como buscaron los míos. Me trasmitió poder con esa caricia…
- Cierro dentro de una hora, si te hace falta algo más, no tenes más que pedirlo.-
- ¡ Lo voy a tener en cuenta!- le dije-
Cuando salí, él seguía parado detrás de mostrador mirándome.
No sabía que hacer, el tipo me gustaba, y me calentaba; y sabía de que yo también a él.
Volví a mi casa luego de dar un par de vueltas con la imagen de él en mi cabeza.
Habían pasado casi veinte minutos, faltaban diez para las nueve. Sus palabras aún sonaban en mis oídos…
- ¡Yo me tiro a la pileta y que sea lo que Dios quiera!- volví a salir, quería volver a la carnicería, después de todo, él me lo había dicho con doble sentido.-
- ¡Guarde el cambio!- le dije al taxista casi tirándome del auto-
el lugar, ya estaba a oscuras. ¡No lo podía creer! Me había equivocado.
- ¡ Maldición!- Dije dándole un puntapié a la cortina metálica que protegía la vidriera. La bronca que tenía con migo mismo me superaba; me sentía un estúpido. Comencé a caminar hacia la esquina, esperando encontrar otro taxi que me llevara de vuelta…
Un sonido metálico a mis espaldas, me obligó a detenerme bruscamente, y a girar sobre mi espalda…
Ahí estaba parado, mirándome como la primera vez. Me acerqué despacio, como dudando…
- ¡ Pasa ¡ Estoy cerrando- sin pronunciar palabra entré-
- ¡ Bine porque necesitaba…¡- no dejó terminar la frase- Me agarró por el cuello, y me besó dejándome sin aliento-
- Yo también necesito lo mismo. Vamos atrás, ahí tengo lo que estás buscando…-
Caminaba tras él en la penumbra: Su espalda fuerte estaba marcada por una musculosa ajustada, que le daba el aspecto de algo poderoso y fuerte. ¡ Se me paró.! Ya no aguantaba más. Estaba recaliente…
Había un cuarto grande de vaca sobre una mesa de aluminio, que parecía recién cortado. Me quedé mirando; era la primera vez que tenía uno tan cerca. Me sorprendieron sus dos manos, que me tomaron como fuertes tenazas, rodeando mi cintura haciéndome girar. Quedé frente a él sin poder reaccionar. Ya tenía su lengua dentro de mi boca. Me dejé llevar por la pasión con la que él me abordaba….
Me sacaba la ropa, mejor dicho me la arrancaba. Sus labios me embriagaban, me devoraban. Estaba al palo. Llevé mi mano hasta su pija dura y le bajé el cierre, Agarré el bulto…
Fui recorriendo su pecho, posando la lengua en cada zona sensible de su cuerpo. Comencé a desnudarlo. Su pija era enorme… Me la metí en la boca. Ardía de placer…
Me agarraba con fuerza la nuca, y me empujaba hasta el fondo. Sentía como el miembro tocaba mi campanilla, abriendo paso en la cavidad de la garganta, hasta dejarme sin respiración.
- ¡ Así guacho! Cómetela toda. ¡Cómo me haces gozar! Te voy a dar toda la leche… ¡ Sí muy bien! ¡ Así! Bésame los huevos. ¡Aaah…! Que bien lo haces-
Me tiró sobre la mesa. Con la espalda toqué el pedazo de carne helada. Abrió mis piernas y empezó a chuparme el culo. Su lengua entraba y salía. El placer se apoderaba de mi cuerpo.
- ¡ Uy! Cómo me haces gozar. Quiero que me rompas el culo…
- ¡ Sí guacho te lo voy a partir! ¡Ah…! Esta pija, es toda para vos…
Se levantó despacio, con los ojos fuera de las órbitas. Me metió su pija otra vez en la boca. - ¡Seguí! ¡Seguí…! ¡ Sí! ¡Así! ¡ Uy que bueno! Date vuelta guachito; ¡ Voy a cogerte como nunca te cogieron!-
Sentí como mi pecho quedaba contra el pedazo de vaca…
- ¡ Ah…! ¡Uy! Sí partime en dos papá. Dame la leche… Rómpeme todo. ¡Que linda pija! Cómo la siento. ¡ Ponela toda adentro por favor…! ¡Por favor…! ¡Ah…! ¡ Sí ¡ ¡Así! ¡Más! ¿ La quiero toda adentro…!-
- Sí. Es toda tuya, sentíla. ¿ Te gusta guachito?-
- ¡ Sí…sí…!-
- Que lindo orto tenes. Sentí como te lo abro…-
- ¡ Hay!. Como me gusta. Me vas a matar….-
- Mira como entra y sale. ¡ Huy…! Ahhh…! Sí. Así. Acaríciame los huevos… ¡Hay! ¡ Dale que acabo Acabo…! Sí, así. Abrite bien que te doy toda la leche…-
- ¡ Dale papá dámela….¡ Sí! ¡Sí! Así, la quiero toda. Como me gusta…¡Hay… Hay…! ¡Huy!. Dame, dame. Ahhh…! Acábame en el pecho. Vamos ¡Así. Así. Así.! ¡Sí…! ¡Ah. Ah.! ¡Ah….!
Se quedó unos minutos encima mío…
- ¡ Cuando quieras algo de carne!. No tenes más que venir a pedirlo. Siempre voy a tener algo más para vos…-
- Me parece que se me va hacer costumbre…-
- No te preocupes, a mí también…-
Este relato fue seleccionado y publicado en la magazine imperio-G conocido medio gay de argentina Bs. As.
Niko´S
Aquel verano era más caluroso que los anteriores. Como era mi costumbre, empaque algunas cosas, agarre mi bicicleta y partí hacia el lago a darme un chapuzón y descansar al sol. Otros ciclistas, pero estos eran profesionales, se sumaron al recorrido, vestidos en esos pantalones super ajustados de lycra en vivos colores haciendo juego con remeras pegadas a sus biceps, mostrando todos su atributos, capaz de hacer la cabeza a cualquiera…
Pasaban al lado mío como si fueran una ráfaga. Sólo alcancé ver algunos el último parecía un manjar de los dioses, tan perfecto tan llamativo, que me dejo perplejo, pero creo que ni se enteró de mi presencia…
Me instale en un lugar rocoso cerca del agua. Me quite los pantalones y la remera, quede con mi diminuto traje de baño. El sol era abrazador.
Saque un libro para hacer más placentero ese momento.
No había nadie en el lugar, sólo yo y la inmensidad del paisaje con un sol a pleno que caía sobre el remanso que dormía perdiéndose en la inmensidad del horizonte. El sol molestaba mi cara, decidí ponerme boca abajo, a los pocos minutos me sumergí en un sueño profundo hasta que las imágenes de la consciencia se apoderaron de mí. Hacia dos días que había roto con Manuel, nuestro último encuentro para intentar salvar la relación fue tan placentero que creo nunca lo olvidare. Sus frágiles labios recorriendo mi cuerpo, devorando, lamiendo degustando mi piel, llenándome de pasión, despertando hasta los más oscuros rincones dormidos de mi ser, llegando a los lugares donde nadie jamás había estado. Sus dedos exploraban abriendo las carnes de mi culo sin piedad; su tacto era perfecto, preciso, integro. Yo me retorcía como si fuera un animal herido ante tanta excitación. Tome su pene con las dos manos, como a un fino instrumento, lo metí en mi boca suavemente. La lengua lo degustaba como una rica golosina, ese sexo rígido, curvo venoso inundaba mi garganta, una saliva espesa lo cubría por completo como si fuera un almíbar blanco, cristalino espeso. Los dos estabamos al límite, sintiendo cada caricia, cada movimiento cada susurro, cada gemido, cada grito desesperado que nuestras gargantas dejaban escapar como un llamado de auxilio ante tanto goce y placer…
Un sonido extraño, como si fuera un chapoteo, me sacó de ese sueño tan maravilloso. Gire la cabeza hacia el lado de donde venía, pero como tenia el sol de frente, apenas podía visualizar una sombra oscura reflejándose en el agua que se vestía de oro. Se aproximaba lentamente hacia mí. No podía distinguir su rostro, sólo veía sus brazos poderosos que cortaban el agua con cada brazada como si fueran dos remos…

Cuando me incorpore todavía estaba al palo; volví a ponerme boca abajo. Salió del agua a escasos metros de donde yo estaba, lo que vi me dejo perplejo. Unas piernas perfectas, sin bellos bronceadas, largas mazisas, poderosas. Tenía una malla azul de competición adherida a la piel sus glúteos eran perfectos redondos parados; y lo que tenía de frente era impresionantemente bello. Era un adonis del olimpo…
Cuando lo mire bien, me di cuenta de quien se trataba, era el ciclista que había cruzado hacia un par de horas. Note en su mirada un vestigio de picardía… Tenía unos ojos espectaculares color miel, trasparentes y puros como un amanecer ¡ Hola!- Dijo mientras se le dibujaba una sonrisa cómplice-
Respondí de igual manera al saludo. Sin que yo pudiera reaccionar, se sentó a mi lado. El sol jugaba con sus cabellos claros, tiñiendolos de oro…
Me miro mientras se tocaba el bulto. Mi vista se quedó inmóvil viendo como Lentamente el miembro empezaba a hincharse, buscando salir del diminuto traje de baño. Me revolví con impaciencia sobre la lona en la que estaba sentado; yo también estaba poniéndome caliente con lo que veía…
Sin darnos cuenta estabamos tocándonos y besándonos como dos adolescentes, seguí su juego de querer llevarme hacia el agua. Nos fuimos bien a lo profundo nos quitamos los trajes de baño y comenzamos a movernos en una danza acuática, en donde sólo nuestros cuerpos eran los protagonistas. Su boca sin control exploraba la mía. Su pene erecto era como un pedazo de carne envuelto en un espeso líquido que frotaba entre mis piernas sin cesar…
Su piel, la piel… la piel… Suave al tacto como la más fina porcelana, nívea, exangüe, ahí donde el sol no la había bronceado…
Lentamente tome aire, y baje hasta su sexo, lo metí en mi boca, el sabor que se mezclo con el del agua era excitante, inexplicable, pero maravilloso, mezcla de algas y manantial fresco…
Podía sentir contraer los músculos de sus glúteos a medida que mi boca se llenaba con su miembro, poderoso, potente. Eso era algo cíclico, aditivo, sin explicación para mí…
Bajo el agua era todo oscuridad y silencio, un silencio mortal que traspasaba la frontera de lo imaginable. En un acto de desesperación, me tomo por los hombros me saco del agua, para besarme con pasión. Nos fundimos en un beso interminable, al tiempo que nuestros cuerpos pedían a gritos llenrase de placer. Cuando comenzó a penetrarme, podía sentir como su miembro entraba y salía con comodidad, haciendo un sonido muy particular con el agua. Nos amamos sin control hasta llegar al éxtasis final envueltos en esa masa líquida que purificaba nuestros cuerpos…

Me estaba preparando para tomar mi primera comunión. Mis padres, me enviaron a la parroquia del pueblo donde vivía a estudiar catequesis. Lo que yo creía sería mi primer encuentro con Dios, un episodio, marcaría mi vida para siempre… Aún me pregunto que es lo que puede saber un niño de trece años sobre el arrepentimiento, la salvación del alma; y sobre todo el poder de la confesión. Que se puede confesar a esa corta edad, salvo algunas travesuras insignificantes.Según la costumbre católica, mejor dicho la tradición, dice que todo niño, o niña que llega a esa edad, debe prepararse para aceptar a Dios en su corazón. Para eso me preparé yo también como tantos otros…Durante los cuatro meses que duraron los preliminares, iba a confesarme cada quince días, no es por que lo necesitara; que pecados podía tener con mi poca experiencia mundana, es que las palabras del sacerdote detrás de esa pequeña ventanilla de madera donde solo podía ver su boca y oír su voz sensual, que me daban seguridad, tranquilidad, y algo muy extraño que no sabía como llamarlo en ese momento y que hoy sé que era placer…Esperaba con tanta ansiedad esos cortos momentos con él, que mis fantasías me llevaban a recorrer los más oscuros escondrijos de mi mente. Me excitaba cada vez que lo escuchaba, después de esas charlas, volvía a casa y me encerraba en mi cuarto a masturbarme. No podía controlarme, esos impulsos eran más fuertes que yo. Lo único desconcertante para mí, era que aún no lo conocía, y moría de ganas por verlo aunque solo fuera una vez lo único que quería, era volver a sentir ese cosquilleo que corría por mis entrañas, en las largas noches oscuras de mi cuarto…Mientras pasaba el tiempo con los preparativos, hable con mi profesora de catequesis, y le dije que me gustaría mucho conocer a mi confesor, ella respondió que haría lo posible por que así fuera.Pasaron dos semanas, hasta que el encuentro se produjo; él me estaba esperando en la capilla cerca del altar mayor de la iglesia, donde había una pequeña oficina improvisada. Cuando llame a la puerta y oí nuevamente esa dulce y angelical voz, detrás de la puerta que me invitaba a pasar, me temblaron las piernas… El se veía imponente bajo esa ropa negra. La camisa la llevaba bien pegada al cuerpo, con toda esa magnitud oscura, donde sólo resaltaba el pequeño cuello blanco, como si fuera una mancha nívea enmarcando su poderosa garganta. Levanto la vista de lo que estaba haciendo; me miro con detenimiento por unos segundos. Quede petrificado ante sus enormes ojos verdes, que parecían dos esmeraldas.Yo venía del campo de fútbol del colegio; aunque no lo pareciera, mi cuerpo se había transformado en algo más desarrollado de lo normal para un chico de mi edad. Aparentaba más de la que tenía, era alto, bien formado, buenas piernas; y algún que otro bello comenzaba a despertar de mis axilas y pubis con timidez, todo eso siempre me serviría en mis conquistas futuras.Sentía como sus ojos me desnudaban recorriendo atentamente cada extremidad de mi cuerpo. Una leve sonrisa se le dibujo en el rostro antes de hablar… Toma asiento por favor ¿ En qué puedo ayudarte?- Dijo con esa suavidad que lo caracterizaba. Su mirada se había posado en mi rostro. Eso me excitó tanto, que tuve que desviar la mirada unos instantes para no delatarme… Necesitaba hablar con usted padre Miguel- Dije mientras me sentaba con las piernas entre abiertas, dejando el bolso y el balón en el piso. Desde su lugar podía ver que bajo el pantalón corto no llevaba nada. Su mirada se detuvo ahí por un momento. Había dado justo en el blanco…Bien cuéntameEstaba tan nervioso, que sin darme cuenta comencé a transpirar. Un sudor frío se deslizaba por mi rostro. Por supuesto que le mentí diciéndole que no estaba seguro de querer hacer la comunión, aún recuerdo su reacción cuando se lo dije. El se ofreció a tener varias charlas en privado par buscar el por que a esas dudas. Comencé a ir dos veces por semana a su oficina, cada vez que lo veía yo me ponía más nervioso e impaciente, y trataba de provocarlo, por lo general iba con pantalones cortos y sudado por los interminables partidos con mis amigos. No sé como sucedió pero al tercer encuentro yo estaba con el torso desnudo, y él llenándome de besos y caricias; lo que más me excitaba, era quitarle la camisa negra, y descubrir su bello cuerpo sin marcas sin bellos, sin ningún vestigio de virilidad; perfecto, tan perfecto que nunca más volvería a tener otro igual…Sentía como dominaba, me arremetía, me devoraba dejándome sin fuerzas ni aliento. Sus labios se posaban en mis tetillas como suaves mariposas, haciéndome vibrar de placer. Todo ese poder que ejercía sobre mí era lo único que me importaba en ese momento; mi único y placentero instante de lujuria y pasión…Pasó el tiempo, y nuestros encuentros siguieron en su cuarto, los dos envueltos en ese torbellino de impulsos descontrolados. Su boca se llenaba de la mía, su sexo me llevaba a los más oscuros deseos de la carne. Yo respondía a todo como él me lo pedía. Otras veces lo hacíamos en el altillo de la capilla, rodeados de imágenes de santos y cuadros viejos llenos de polvo. Su pene era enorme; mi boca pequeña y frágil, apenas podía soportarlo. La penetración al principio fue dolorosa, hasta que con el tiempo, paso hacer placentera. Nunca olvidaré esos buenos momentos junto al padre Miguel. Esa era mí fantasía, y sé que también la de él… All rights reservedCopyright © 2005
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